A pesar de que un buen promedio (GPA) siempre es importante para los posibles empleadores, éstos buscan mucho más que eso en un empleado. Necesitan personas que se adapten al grupo de trabajo ya existente, que puedan incorporarse relativamente rápido y sin mayores dificultades a la rutina laboral, y que, en líneas generales, no tengan un efecto de disrupción sino de harmonización con el estilo de trabajo de la empresa.
La facilidad de comunicación está a la cabeza de las prioridades. Quien maneje la comunicación cara a cara podrá manifestar dudas, pedir ayuda, hablar sobre lo que le moleste, sugerir cambios. Si esto se expresa de manera apropiada, muchos de los problemas más serios que surgen en un empleo podrán prevenirse.
Las otras cualidades que buscan son una sólida ética de trabajo, capacidad de trabajar en equipo (nadie que no sea un buen “team player” puede esperar desenvolverse bien en un empleo hoy día), iniciativa, buen manejo de las relaciones interpersonales, habilidad en la resolución de problemas, capacidad de análisis, adaptabilidad y flexibilidad, y conocimientos de computación y técnicos.
Es bueno también tener algo de experiencia. Se puede adquirir experiencia con pasantías o trabajos durante del verano, eligiendo siempre áreas que sean relevantes a tus intereses.
El proceso de prepararse para una carrera durante la universidad y luego de la graduación es en realidad un proceso no sólo de aprendizaje académico, sino de crecimiento personal. Si bien es cierto que, comparado con lo que aprenderemos en los empleos posteriores lo que sabemos al salir de la universidad queda casi empequeñecido, es importante desarrollar y mostrar las cualidades que te permitirán crecer: honestidad, avidez de conocimiento y mejoramiento, respeto, humildad, y esas tres grandes amigas, tolerancia, paciencia y perseverancia.